El indulto a Fujimori

Se ha puesto de moda discutir sobre el indulto a Fujimori que ha pedido su familia. Y, evidentemente, se ha polarizado la opinión pública en cuanto a sí Humala debería o no dárselo. Al final, de acuerdo a la constitución del Perú, solamente el presidente puede dar un indulto y no necesita pedirle permiso al congreso, a su gabinete o a nadie más. Existe una comisión del congreso de gracias presidenciales que dará una recomendación, pero es un saludo a la bandera y meramente protocolar. Así qué al final Humala decide.

La pregunta es si Fujimori merece ser indultado o no. Y mi opinión es que sin duda debería serlo. Interesante es que la opinión pública encuestada está 59% a favor y 44% en contra, pero aun más sorprendente es que los periódicos principales del país, famosos porque manipulan la información para cumplir su agenda política, y que tradicionalmente han estado contra Fujimori, ahora están notablemente neutrales y hasta tímidamente a favor del indulto. Qué habrá cambiado, por qué lo estarán haciendo, no lo se.

La creencia informada hoy en día es que Humala no va a hacer nada en el corto plazo. Nuestro presidente será un patriota, pero es un inválido político y realmente incapaz de tomar decisiones, particularmente cuando son importantes. Para él y su gabinete es más fácil no hacer nada. Enfocarse en los otros problemas que tiene el Perú, como la escalada terrorista, las huelgas y la intolerancia popular. Igual no hacen nada por eso pero están enfocados en el problema.

Pero de regreso a mis argumentos a favor del indulto a Fujimori. Nuestro ex presidente ha sido lo mejor que le ha pasado al país en los últimos 50 años. Era la cura necesaria que tenía esta enfermedad crónica llamada Perú de la cual no se veía ninguna salida. Tuvo las agallas de tomar el toro por las astas en todos los temas importantes de la época y le devolvió al Perú algo que para muchos era solamente una palabra en el diccionario: esperanza.

Específicamente: a inicios de los setenta un gobierno militar de izquierda (y una izquierda de esa época hoy sería casi terrosista) absolutamente destruyó el país con varias medidas populistas pero principalmente con la eliminación de terrenos agrícolas grandes y la repartición entre sus trabajadores, los cuáles no tenían ninguna capacidad para manejarlos ni pudieron aprovechar economías de escala. Mejor que dar la evidente conclusión, un ejemplo: Perú pasó de ser el tercer exportador mundial de azúcar a importador de azúcar en menos de 4 años.
En los ochenta comenzó el terrorismo, cortesía del segundo peor presidente del Perú, y su absoluta incapacidad para el cargo: Fernando Belaúnde. Más preocupado en cocteles y figuretismo que en su gente. El terrorismo mató miles de personas, no solo en áreas remotas, destruyó torres eléctricas y sueños y desplazó decenas de miles de personas de zonas rurales a Lima. Y como si eso no hubiese sido suficiente, vino el primer gobierno de Alan García. Un absoluto desastre. Tomó lo poco que había y lo terminó de matar. Trató de estatizar los bancos, tampoco paró el terrorismo, no pagó la deuda externa con grandes discursos populistas, y perdimos toda validez internacional. Además inició un proteccionismo que eliminó toda competencia internacional y convirtió a la industria nacional, nada buena de por sí, en complacientes mediocres. La hiperinflacion en que nos metió hizo que fuese necesario quitarle 9 ceros a la moneda.

Y en 1990 llegó la persona más improbable para el cargo. Un chinito con ningún mérito político que había sido rector de una universidad promedio. Y cuando salió elegido, ganándole a Mario Vargas Llosa, el ser con el ego más grande que tiene este país, comparable sólo con algunos futbolistas, todos supimos que el fin había llegado. Este país no aguantaba 5 años más con estos problemas y mas liderazgo populista.

Pocos meses después este chinito tuvo las bolas de atacar todos los problemas, uno por uno, sin pedirle permiso a nadie, y con un grado de patriotismo que pocas veces se ha visto. Armó un gabinete de profesionales expertos, no políticos, y los puso a trabajar. En su primer gobierno logró reinsertar al Perú en la economía mundial, abrir el mercado peruano al extranjero, pelearle al terrorismo en su cancha y de igual a igual (al fuego con fuego), reestablecer la fe en instituciones públicas, descentralizar el gasto en infraestructura (de hecho, es el primer presidente peruano que recuerdo que gastó plata importante fuera de Lima), vender las increíblemente ineficientes empresas nacionales (teléfonos, buses, hoteles, etc) y construir colegios y postas de salud como nunca antes se había visto.

Yo nunca voy a olvidar cómo me sentí, en 1992, cuando vi esto por primera vez:

Grifo Shell

Para alguien que creció con estaciones de servicio (“grifos” como le decimos en el Perú) de octavo nivel, sin tiendas ni techos, sucios, con trabajadores sin uniformes, productos de una industria nacional sin competidores, ver una señal iluminada de marca internacional era como ir a Disney.

Con los anos, el gobierno fue tornándose cada vez mas complejo y aparecieron los inevitables buitres que infaltablemente esperan ese momento correcto para hacerse ricos sin trabajar. Y esos fueron los principales problemas que tuvo Fujimori. Eso y la errónea decisión de ir por un tercer mandato cuando la cosa ya no daba y era necesario un cambio. Pudo haber dicho, después de 10 anos, hasta aca no mas, pero no lo hizo y habiendo ganado la tercera reelección tuvo que renunciar desde Japón para que no lo botaran.

Hoy los jóvenes mayores de 18 que no recuerdan el terrorismo, la crisis económica como era en esa época, las colas en supermercados para comprar solamente dos bolsas de azúcar (que además era provista por una entidad nacional, la terrible ENCI) y solo se enfocan en los crímenes que fueron cometidos. Inocentes ignorantes es lo único que me queda decirle. Hoy el Perú es lo que es, que no quepa ninguna duda, porque Alberto Fujimori, el mejor presidente del Perú, hizo lo que tenía que hacer cuando había que hacerlo. Y que haya tanto maldito malagradecido que lo quiera verse morir tras las rejas es algo que no puedo comprender ni aceptar.