Preso

Últimamente me pasa mucho que me llegan al mismo tiempo dos o más artículos sobre un mismo tema provenientes de lugares distintos.  Señal cósmica o puro chance, el caso es que cada vez que ocurre, los artículos me ponen a pensar más de la cuenta.

El primer link es un reportaje sobre Greg Ousley, quien en 1994 y siendo apenas un adolescente de 14 años asesinó a sus papás a sangre fría.  La historia es una de las más tristes que he leído alguna vez.  Ousley parece estar honestamente arrepentido y comprende perfectamente el alcance de sus actos, lo que lo pone a uno a pensar si no será tiempo de dejarlo libre.  El caso me puso a cuestionar mis propias creencias respecto a la función de las prisiones: retribución, rehabilitación o protección.  Me di cuenta de que nunca he sido un gran creyente en la rehabilitación.  No sé si por haber crecido en el país con las cárceles más salvajes del hemisferio o tal vez por una visión más bien pesimista sobre el potencial de cambio del ser humano. El caso es que el artículo es mucho más que una simple historia policial o legal y es el complemento perfecto para el segundo artículo que mencionaba, éste buen ensayo.  En él el autor plantea que la sociedad moderna ha banalizado el tiempo en prisión como castigo, metiendo presa cada vez más gente, por más tiempo y por delitos más leves.

Es hora de evaluar si nuestra facilidad para pedir penas de 20 y 30 años por tal o cual delito realmente está alineada con los valores que decimos tener.