Sólos en Facebook

Me tropecé con este buen artículo del Atlantic hace un par de meses pero entre una y otra no encontraba el tiempo para dedicarle las líneas que se merece.  Refleja varias preocupaciones que tengo desde hace un tiempo y que normalmente no comento por aquí.

Una de esas preocupaciones es darme cuenta que cada vez somos animales más solitarios.  Hoy en día tenemos un menor número de amigos cercanos y confidentes que en el pasado.  Paradójicamente, a medida que Twitter y Facebook nos conectan más, compartimos menos intimidad con menos gente.  Hemos llegado al punto en que pagamos a gente por simplemente escucharnos:

[…] in the late ’40s, the United States was home to 2,500 clinical psychologists, 30,000 social workers, and fewer than 500 marriage and family therapists. As of 2010, the country had 77,000 clinical psychologists, 192,000 clinical social workers, 400,000 nonclinical social workers, 50,000 marriage and family therapists, 105,000 mental-health counselors, 220,000 substance-abuse counselors, 17,000 nurse psychotherapists, and 30,000 life coaches. The majority of patients in therapy do not warrant a psychiatric diagnosis. This raft of psychic servants is helping us through what used to be called regular problems. We have outsourced the work of everyday caring.

Al mismo tiempo que nos “aislamos conectados”, invertimos más y más tiempo en aprender sobre las vidas de nuestros contactos facebookianos y en construir una imagen digital para que el mundo nos vea tal y cómo queremos que nos vea.  Una representación que nos muestra espontáneamente superficiales y engañosamente alegres. En Facebook no hay gente depresiva, deprimente ni depravada. Todos somos buenos hijos y mejores padres.  Somos más religiosos que el Papa y no peleamos con nadie so pena de “unfriend”.

A considerable part of Facebook’s appeal stems from its miraculous fusion of distance with intimacy, or the illusion of distance with the illusion of intimacy. Our online communities become engines of self-image, and self-image becomes the engine of community. The real danger with Facebook is not that it allows us to isolate ourselves, but that by mixing our appetite for isolation with our vanity, it threatens to alter the very nature of solitude. The new isolation is not of the kind that Americans once idealized, the lonesomeness of the proudly nonconformist, independent-minded, solitary stoic, or that of the astronaut who blasts into new worlds. Facebook’s isolation is a grind.

¿Es Facebook un reflejo de la sociedad o la sociedad una consecuencia de nuestra vida online? ¿Quiénes seremos en 20 años si ya hoy a duras penas nos reconocemos?  Vale la pena preguntárselo si queremos entender a nuestros hijos.